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jueves, 24 de mayo de 2012

Cómo no hacer que el sol se convierta en tu peor enemigo



Ahora que se acercan las tan ansiadas vacaciones y la época estival, no está de más, recordar las precauciones que debemos tomar para no poner en riesgo nuestra piel.

Por todos es sabido, que el sol proporciona efectos muy beneficiosos en nuestra piel cuando nos exponemos a él, de una forma moderada y sobre todo, protegida.

Pero, ¿cuál es la razón de que se produzcan daños en la piel?

Cuando la exposición al sol es excesiva e inadecuada, la piel acelera su oxidación y para defenderse, recurre a sus propias defensas como medio que tiene para poder luchar contra las agresiones externas, en este caso, las solares.
Sin embargo, estas defensas no son eternas y pueden agotarse. Esta capacidad se mide como el número de horas que un individuo puede exponer su piel al sol durante
toda su vida. Cuando se llega al máximo de horas consumidas es cuando comienzan a aparecer los problemas cutáneos y los signos visibles del fotoenvejecimiento

Esta capacidad, conocida como capital solar, está predeterminada genéticamente y no es modificable. El proceso de fotoenvejecimiento de la piel, es el siguiente: Los radicales libres intoxican el metabolismo celular y la fisiología normal de la piel se ralentiza. Aún así, la piel lucha contra los radicales libres produciendo los antioxidantes naturales que capturan los radicales libres y los neutralizan, evitando su efecto dañino. Pero cuando la agresión solar cutánea es intensa y repetida, la capacidad reparadora de la piel se ve superada. Esto indica que el capital solar se ha consumido y lo que comienza a hacer la piel es almacenar los daños solares en vez de neutralizar sus efectos.

Es como si la piel tuviese memoria y recordase todas las exposiciones solares, almacenándolas pero no eliminándolas, lo que es nocivo para ella.

¿Y  qué ocurre entonces?

El ácido hialurónico pierde su función y actividad y esto se refleja en la piel, ya que esta sustancia es la responsable de retener el agua y proporcionarle grosor, textura y su apariencia saludable y joven.

La prevención no es una opción

Prevenir estos efectos es posible, protegiendo de forma correcta y suficiente nuestra piel. Para ello, debemos aplicarnos siempre buenos protectores solares antes de la exposición solar, repitiendo la aplicación cada 2 horas si vamos a estar al sol durante un tiempo prolongado.

También es muy recomendable el uso de sombreros, viseras, sombrillas y unas buenas gafas de sol, homologadas, para evitar acentuar las patas de gallo que surgen alrededor de los ojos. Por otro lado, también puedes tomar protectores del sol orales, disponibles en las farmacias, pues son igual de eficaces para ayudar a combatir los efectos nocivos del sol en tu piel. 

Si a pesar de ello, aparecen signos visibles de daños en tu piel o ya los padeces, existen tratamientos médico-estéticos específicos, a través de los cuales se pueden paliar los efectos del fotoenvejecimiento y aumentar, así, el tono, tersura y brillo de la piel. Estos tratamientos consiguen el efecto de una piel más joven.

Existen, además, técnicas médico-estéticas que se aplican pasado el verano y cuyo objetivo es recuperar el aspecto saludable de la piel. Entre ellas, destacamos el Láser Q-Switched, los Peelings faciales o corporales y los Factores de Crecimiento Plaquetario.  Todas ellas, ayudan a eliminar los signos del fotoenvejecimiento y a mejorar el aspecto general de la piel.

Así que ya sabéis, disfrutad del sol pero siempre con moderación y mucha protección. Todas y todos queremos estar morenos en verano pero un exceso de exposición solar puede pasar factura a nuestra piel. Y como os hemos comentado en este post, ella tiene memoria y no olvida los excesos. Cuidarla, entonces, para que sólo tenga buenos recuerdos.

¡Buen día de sol!

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