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viernes, 22 de junio de 2012

La obesidad también le pesa al medio ambiente





Un estudio estadounidense realizado con la colaboración de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Agencia Estadounidense para el Desarrollo, ha revelado que el peso o biomasa de la población total adulta en nuestro planeta tiene efectos ecológicos muy concretos sobre el medioambiente.

Según este estudio, las personas más gruesas necesitan mucha más comida y energía. En la actualidad, la obesidad registra cifras epidémicas, con más de 2 millones de personas que mueren cada año a causa de esta enfermedad. Si tenemos en cuenta que en 2.050 seremos 9 billones de seres humanos en la Tierra, con una tasa de obesidad superior, los expertos vaticinan que tendremos que producir más, puesto que la necesidad de recursos es mayor cuanto mayor peso tiene la persona. 

Los investigadores calcularon el índice de masa corporal y el peso de una muestra extraída de la población total en todo el mundo. Las conclusiones a las que llegaron fueron que la población adulta a nivel mundial pesa en su conjunto, 287 millones de toneladas. De esa cifra total, 15 millones de toneladas corresponden a la gente con sobrepeso. El continente con una menor incidencia de la obesidad fue Asia (el 13% de la biomasa con sobrepeso en el mundo es debido a la obesidad en esta región).

En Estados Unidos, el 36% de la población es obesa. El estudio concluye que de registrarse una cifra igual o similar en el resto de países, la cantidad de energía necesaria para soportar todo ese peso extra se incrementaría en un 481%.

Más comida, más dióxido de carbono



Otro estudio, en este caso británico y publicado por el International Journal of Epidemiology, llegó a la conclusión de que las personas que más peso tienen, envían a la atmósfera una tonelada más de dióxido de carbono que las que están delgadas. Esto significa que, por ejemplo, en una población de 1.000 millones de personas con sobrepeso, se generan 1.000 millones de toneladas de este gas por año

Las razones que sostiene los dos autores del estudio, Phil Edwards y Ian Roberts, respectivamente, tienen que ver, por un lado, por la mayor propensión de las personas obesas al uso del automóvil y por otro lado, a mayor población obesa, mayor consumo de alimentos y por tanto, mayor producción de los mismos. Este último punto, explican, es una de las mayores fuentes de gases de efecto invernadero.

Para ambos científicos, luchar contra la obesidad también es clave para revertir la batalla contra el cambio climático. 



Tenemos, por tanto, un motivo más para cuidar nuestro peso. Ahora, al hacerlo, pensaremos en el medio ambiente, además de, como siempre te aconsejamos en Clínica Barrachina, de nuestra salud. Para sentirnos, siempre bien, por dentro y por fuera.

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